Volvamos la mirada a Dios

Fue aquel día en el que recordaba que 25 años atrás, mi padre terrenal había muerto en un septiembre 19 y que yo por esas cosas que trae la vida era intervenido quirúrgicamente. El día en que pensé que había llorado todo lo que tenía por llorar y que literalmente había quedado seco por dentro al punto de no poder llorar por nada más.

Desde que fui llamado y confirmado al ministerio, me volví muy sensible a ciertas cosas en la vida que me volvieron a hacer llorar. No sé si Dios quiere ablandar ese caparazón que tengo de hombre “Fuerte” y me quiere volver más sensible o es que quiere que vuelva a gastar mis lagrimas hasta la sequedad para enfrentar nuevos retos con los que soy confrontado día a día. Será acaso para acordarme que sigo siendo aquel sensible de siempre, aquel que muchos no creen que haya existido alguna vez dentro de mí?, No lo sé aun, pero continúo orando para que sea lo que sea, todo este dentro de tu voluntad y estés tu Señor apoyándome y soportándome en tu mano poderosa.

Cada día vuelvo a llorar al ver en las noticias de mi País de origen, mi bella Colombia, que hasta hace algunos días atrás le llamaban en una campaña de publicidad “El lugar más acogedor del mundo”. Hoy después de casi 6 semanas de una revolución civil a la que llaman paro social o protesta, me siento como Nehemías cuando le llevaron noticias de su tierra Jerusalén al exilio (Nehemías 1:3-4). Y sus palabras se vuelven más actuales que nunca hoy para mí. Es así como yo también al escuchar esto, me senté a llorar; hice duelo por algunos días, ayuné y oré al Dios del cielo.

Señor: ¿¿Hasta dónde ha llegado la miseria humana?? Como pueden los hermanos volverse contra sus propios hermanos, dejándose manipular por hilos invisibles que se mueven desde la oscuridad. ¿Como pueden los más pequeños, que ven en los medios de comunicación esto que está pasando, confiar en los adultos que los rodean? Que patria es la que estamos dejando a nuestras futuras generaciones. ¿Estamos repitiendo la historia y creando adultos del futuro que serán seres desesperanzados ante los gobiernos, la política y la humanidad?  ¿Cuál es el papel nuestro como Iglesia?

Señor te pido por tu pueblo, para que se vuelva a ti, para que volvamos a tener valores, para que eso que nos enseñaron nuestros abuelos y padres no se pierda: El respeto, el amor, la amistad por nuestros vecinos, por nuestros seres queridos, por nuestro prójimo, para que seamos temerosos de ti. Que actuemos por amor y no por odio, que esa cultura de odio no prevalezca en nuestros países… Llénanos de tu amor y espíritu.  

 Dice la palabra de Dios:

¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos? 2 desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. No tienen, porque no piden.3 Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones.
4 ¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios.

Santiago 4 :1-4

No nos dejemos arrastrar por odios partidistas, por aguzadores que solo quieren que salgamos a defender lo indefendible por la fuerza. Ya se ha demostrado por muchos años que las luchas armadas nunca llegan a un final feliz como en los cuentos de hadas.

No podemos dejar que estas fuerzas oscuras rompan con nuestras familias, no podemos dejar que nos siembren odios en nuestros corazones por aquellos a quienes conocemos. Mis amados hermanos, volvamos nuestros rostros al Señor nuestro buen Dios, arrepintámonos de nuestros pecados, amémosle de corazón y arrepintámonos de nuestros malos caminos para que Él tenga misericordia de nuestros pueblos. Y nosotros, su iglesia, oremos en humildad para que El en su misericordia se acuerde de nosotros: Señor¡! Sana nuestra Tierra.

Quiero terminar, haciendo una paráfrasis de la oración de Nehemías, invitándole mi querido lector a que se una en oración conmigo por su pais:

«Señor, Dios del cielo, grande y temible, que cumples el pacto y eres fiel con los que te aman y obedecen tus mandamientos, te suplico que me prestes atención, que fijes tus ojos en este siervo tuyo que día y noche ora en favor de tu pueblo Israel. Confieso que los COLOMBIANOS, entre los cuales estamos incluidos mi familia y yo, hemos pecado contra ti. Te hemos ofendido y nos hemos corrompido mucho; hemos desobedecido los mandamientos, preceptos y decretos que tú mismo diste a tu siervo Moisés.

» Recuerda, te suplico, lo que le dijiste a tu siervo Moisés: “Si ustedes pecan, yo los dispersaré entre las naciones: pero, si se vuelven a mí, y obedecen y ponen en práctica mis mandamientos, aunque hayan sido llevados al lugar más apartado del mundo los recogeré y los haré volver al lugar donde he decidido habitar”.

Señor, te suplico que escuches nuestra oración, pues somos tus siervos y nos complacemos en honrar tu nombre.

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